Esperándote
Intento contar cómo cambió mi vida la llegada de mi princesa :)
viernes, 21 de octubre de 2016
Caminas, caminas creyendo que vas en la dirección que te lleva a tu destino, porque eso, el destino, lo tienes muy claro. Estás tan acostumbrada que lo haces por inercia, mientras piensas en las mil cosas que inundan tu cabeza.. cosas por hacer, citas, reuniones, horarios.. y mientras caminas anochece y amanece como de forma automática sin que le prestes mayor atención.
Inmersa en tu mundo, no eres consciente de la cantidad de kilómetros que has recorrido ni en la dirección de tus pasos, total, has caminado tantos años por ese sendero, que estás segura de que lo estás haciendo bien.
Mientras caminas, no te das cuenta de un detalle más importante todavía; que esa persona que te acompañaba, con la que empezaste este recorrido, se ha quedado atrás. De repente, levantas la mirada y ves que no reconoces el paisaje. que no sabes cuanto tiempo llevas caminando sin saber donde te llevan tus pies.
Te sientas, respiras, lloras, piensas... y retrocedes, hasta reencontrarte con tu compañero de viaje, y tras un largo abrazo continuáis juntos, como hace años.
A partir de entonces, decidís contemplar el paisaje juntos, parando de vez en cuando para comentar los entresijos de este largo viaje.
martes, 12 de mayo de 2015
Para ti, Pau
En sólo un suspiro ya estamos a mitad de camino, en que momento pasaste de ser una ilusión a pegar pataditas en mi pancha?? Supongo que tu hermana me tiene tan ocupada que no he podido darme cuenta de que, si todo va bien, en tres meses seremos 4 piezas en este puzzle que es nuestra familia.
Ya tienes nombre, tienes hueco en nuestra vida, sólo falta ver tu carita y tocar tus diminutas manos. No puedo evitar las ganas locas que tengo de ver la carita de Gemma cuando te vea, será uno de esos momentos que recordaré el resto de mi vida.
Aunque de momento sólo pueda dedicarte (dedicarnos) un ratito al día para tumbarme y notar tus pataditas, Estoy loca por dedicaros a Gemma y a ti el resto de mi vida.
jueves, 26 de junio de 2014
Remontando el vuelo
Trabajo en un hospital, en la planta de pediatría y maternidad, y claro... la vuelta al trabajo suponía ser espectadora cada día de esa cara de felicidad absoluta con la que salen los nuevos papas del paritorio y ese halo de felicidad que envuelve a toda una familia tras un nacimiento.
El primer día tras los 20 que estuve de baja, quería morirme. Yo había tenido que deshacer todos mis planes para los próximos 9 meses, en cuestión de 24h había dejado de estar embarazada, y todavía no me lo podía creer.
Como decía, los primeros días fueron increiblemente duros, primero por la cantidad de compañer@s que no se habían enterado de lo sucedido y me preguntaban por el embarazo, por el sexo del bebe.. y claro, cada vez que se daba esta situación tenía que hacer toda la explicación "no, es que me hicieron un legrado el mes pasado por que no iba bien..." así tres o cuatro veces por turno, hasta que era inevitable la visita al baño a dejar caer unas cuantas lágrimas.. que hay momentos que parece que lo curan todo.
Toda esta situación pilla también en mitad de un huracán hormonal, las hormonas siguen por las cejas, estás sensible, llorona, vulnerable.. con lo que el elemento hormonal también es a tener en cuenta.
Por suerte todo pasa, y todo acaba volviendo al sítio, las hormonas bajan, pasa el tiempo y esto hace que asumas (que no olvides) lo que ha sucedido y dejes de buscarle explicación, y por supuesto dejar también de buscar culplables, porque sin darte cuenta, te sorprendes buscando una situación o un actuación por tu parte que haya provocado esto, la sensación de culpabilidad es enorme. No hay culpables, sucede porque tiene que suceder.
Los días posteriores son increíbles, desde la culpabilidad que comentaba, el miedo a que vuelva a suceder, hasta el plantearte si de verdad te merece la pena volver a correr el riesgo de quedarte embarazada y que vuelva a pasar lo mismo. Los días posteriores al ingreso cuando todo el mundo te dice aquello de "eres muy joven, te vas a quedar enseguida" yo pensaba que no quería volver a oír hablar sobre el embarazo, que se me habían ido las ganas ... si toda esta ilusión ha acabado en algo tan duro... no pensaba que fuera a arriesgarme otra vez, pero es el efecto de las hormonas.. estoy segura, a los pocos días recapacité y entendí que no podía renunciar a ser madre por miedo, que si en algún momento decidía no volver a ser madre sería porque lo hubieramos decidido los dos por consenso y no en mitad de un huracán, si hubiera renunciado a volver a intentarlo por miedo, se que seguramente de aquí 10, 12 años acabaría arrepintiéndome, y eso si que es grave, arrepentirse de no haber hecho algo.
Ahora ya hemos cerrado un ciclo, volvió la menstruación, terminó y volvemos al punto de partida, a la búsqueda, a la incertidumbre, la ilusión, la decepción al ver el papel manchado... todo tiene su encanto, esta fase es divertida, pero tengo la sensación de haber estudiado mucho para un examen, haberlo aprovado y tras celebrarlo por todo lo alto, enterarme de que tengo que volverlo a repetir.
martes, 24 de junio de 2014
Una história más.
El pasado mes de diciembre, Carlos y yo decidimos que era el momento de darle un hermanito a Gemma, nos apetecía volver a empezar, y vivir esta maravillosa aventura junto con ella, terminar de formar esa familia con la que siempre hemos soñado.
Todo parecía perfecto, revisión ginecológica ok, empezamos con el ácido fólico y a buscar el hermanito, tan solo dos reglas después llega el entusiasmante y maravilloso momento del predictor positivo. No olvidaré nunca ese momento, sola en casa, saltanto de la alegría (el día de mi cumpleaños, gran regalo), llorando.. poniendo mi mano en el vientre para darle la bienvenida al segundo garbancito.
Siete semanas después todo terminó. Una ecografía de control nos dió la mala noticia, un par de frases lo resumen "no ha evolucionado bien Gemma, no tiene latido".
Cuando me quise dar cuenta, estaba en el hospital, esperando a terminar mi embarazo muchísimo antes de lo imaginado, entré embaraza, y 10h después salí "vacía". Esa palabra es la que mejor define la sensación después de un legrado, es como si de repente nada hubiera pasado, como si todo hubiera sido producto de mi imaginación, ya no me esperan esas navidades de ensueño, ya no tiene ningún sentido que pase por el pasillo de la ropa de bebe, ya no hace falta pensar en el cuarto en el que dormirá si es niño o niña.. ya no hace falta nada, porque ya no estoy embarazada.
Tiempo. Qué necesario es para cerrar las heridas, o por lo menos para acostumbrarte a vivir con ellas sin que duelan. Todo el mundo intenta consolarme diciendo "eres muy joven" "te vas a quedar embarazada enseguida", "es normal lo que te ha pasado porque le pasa a muchas mujeres",(si, pero me ha pasado a mí) "no te preocupes, que mejor ahora que más adelante". Todo eso lo se, pero no me consuela.
Ahora he decidido volver a llenar la mochila, ponerme las pilas, pasar página (sin olvidar lo leído en la anterior) y empezar de nuevo, empezar una nueva historia y pensar que tendrá un final feliz como el de Gemma, al fin y al cabo, la vida es un cúmulo de historias que suceden a diario y que llenan de anécdotas el día a día, esta es una más, difícil y dura, pero una más. En el doble fondo de la mochila llevo todos los miedos que conviven conmigo desde entonces, pero intento compensar el peso con buenos recuerdos y con muchísima ilusión.
Necesito volver a ilusionarme y estoy loca de ganas por volver a disfrutar de la maravillosa experiencia que es el embarazo, sobretodo porque seguramente sea el último, y tiene que ser igual de especial que el primero.
martes, 6 de marzo de 2012
Bienvenido Futuro.
Pasé mi adolescencia buscando el amor, imaginándome un futuro con toda persona que me enamoraba de la noche a la mañana, con quien sin ni siquiera hubiera mostrado un ápice de esparanza... pero yo me lo inventaba todo, y me montaba mis películas, era lo que tocaba con el subidón hormonal ¿no?.
Pero después de soñar tantas veces con el futuro, despiertas una mañana y te das cuenta de que ya ha llegado, de que ya está aquí, que han pasado diez años, y ese principe azul tiene nombre y apellidos y resulta que está durmiendo a tu lado, y “casualmente” no es ninguno de esos con los que habías planeado hasta el último día de tu vida, y resulta que esa persona sin darte cuenta, reúne todo lo que una madre puede desear para su hija, y sabes que es lo que una madre desea para su hija, porque cuando miras al otro lado de la cama, ves una cuna donde duerme una criaturita a la que meterías en una burbuja y no dejarías que nunca nadie le hiciera daño, y te gustaría que fuera tan afortunada como tú eres.
Siempre he querido encontrar un hombre tan bueno como mi padre, y muchas veces pensaba, ¿tan difícil es? Solo quería una persona que tuviera los valores que tiene mi padre y que me ha sabido inculcar a mí, y entonces empiezas a entender que esto de la vida sigue unos patrones, si has tenido suerte de encontrar tu principe azul, sabes que es el “bueno” cuando deseas que tu hija tenga todos los valores que tiene él, y que el día de mañana a poder ser, encuentre una persona como él con quién compartir su vida. Es ese justo instante en el que te das cuenta de que has formado una familia, una familia como la que tú tenías en casa, y que el mismo amor que te han dado a ti incondicionalmente es el que tu intentas darle día a día a los tuyos.
Pero la felicidad también tiene una parte amarga, y esa parte es la del miedo, miedo a que algo se estropee, a que una día algo deje de funcionar e irremediablemente uno de nosotros sufra, a que una enfermedad acabe con esa vida idílica que tienes hasta hoy, que algo se interponga y acabe con este futuro con el que tantas veces has soñado. Es algo que me preocupa mucho, y más cuando hace tan solo unos días, has visto sufrir y llorar a un conocido por alguien querido. Ya no solo me da miedo sufrir yo por perderlos a ellos, también me da mucho miedo que sufran ellos por perderme a mí. Supongo que todo tiene una cara b, esa que no queremos ver nunca y que intentamos ignorar, pero que sabemos que está ahí. La virtud está en saber disfrutar de la cara a, y no dejar que esos miedos se apoderen de tí, tenerlos controlados, porque cierto es, que en el momento en el que te da miedo perder algo o a alguien, es el momento en el que te das cuenta de lo muchísimo que lo quieres, y yo hoy tengo muy claro que no podría vivir sin Carlos, sin nuestra niña, ni sin mi familia, ni de la gente que me rodea...solo pensar en separarme de mis dos amores una semana, hace que se me acelere el pulso, y se me llenen los ojos de lágrimas.
Ahora entiendo más que nunca a mi madre, cuando me he pasado toda la vida pensando que era una paranoica y una exagerada, y va y resulta que lo que le ha pasado, es que nos ha querido (y nos quiere) con locura.
lunes, 11 de julio de 2011
Nada más
Y por fin llegaron todas esas cosas, hoy miro a mi alrededor y veo mi casa, el amor de mi vida (que pronto será mi marido jeje) mi hija y mi perro (no menos importante), mi trabajo, mis compañeras, mis amigos, mis padres y mi hermana.
Mientras observo todo esto que me rodea, siento una sensación muy extraña, que no había sentido hasta ahora, una sensación agridulce, siento que no necesito nada más para ser feliz, que cada uno de esos elemento forman el puzzle de mi felicidad, por supuesto, esta es la parte dulce, y la parte agria es el miedo que me provoca perder alguna de esas piezas y tener incompleta esa felicidad.
Podría "soportar" que me fallara el trabajo (aunque me complicara mucho las cosas) mis compañeras... pero nunca podría soportar perder a mi hermana por ejemplo, solo con pensarlo se me anuda la garganta, perder a mis padres, o perder a Carlos (por supuesto a Gemma ni la nombro, porque perderla a ella no acabaría con mi felicidad, acabaría con mi vida).
Sólo le pido a la vida que ya que me ha dado la posibilidad de probar lo que se siente siendo feliz, me permita seguir saboreándola por muchísimos años.


=)
sábado, 26 de marzo de 2011
Va por tí!
Pues si mari, sabes de sobra que esa eres tú, y aunque yo ahora intente contestarte y decirte todo lo que siento y todo lo que me has hecho sentir con tu felicitación, me da la sensación de que no voy a ser capaz de decirte ni el 2% de todo lo que siento y te quiero decir, pero mira, esta cabecita maravillosa que tengo, que cuando más necesito que se ponga en marcha, más se empeña en decirle a mi cerebro "hazla llorar, hazla llorar..." y aquí estoy con los ojos como dos tomates intentando decirte lo mucho que te quiero mari (es una situación un poco surrealista).
Además de hacerme llorar, todos los años me haces recordar todo lo que hemos vivido juntas, los grandes momentos y los no tan grandes, en los que siempre, fuera el día o la hora que fuera, he sabido que podía marcar tu número de teléfono, y llorar hasta no poder articular palabra por que siempre ibas a estar ahí, y la única vez que decidí no hacerlo, que decidí apartarte de mi vida, sabes que fue por no hacerte daño, porque no quería que nadie pagara los errores que yo había cometido y porque no quería que entraras conmigo en el callejón en el que me había metido, y del que tenía muy claro que cuando saliera lo primero que iba a hacer era ir a buscarte, para pedirte perdón y darte todas las explicaciones que sabía de antemano que merecías (y que no me ibas a pedir). Por supuesto, una vez salí de aquel callejón, a la salida estabas tú esperándome sin preguntar, y sin reprochar nunca nada. Esa es una de las cosas que quiero decirte que creo que no te he dicho nunca, ahí, en ese momento, en ese justo instante, cuando regresé con las orejas agachadas pidiendo perdón, supe que estarías a mi lado el resto de mi vida, y ahí decidí que había encontrado a la persona a la que podía bautizar como "mi más mejor amiga" no tendré años en esta vida para agradecerte aquello, agradecerte haberme dado la oportunidad de empezar de cero mi vida, sin necesidad de volver la vista atrás.
Seguramente, con la de días que tiene el año, este precisamente a lo mejor no es el mejor para contarte todo este rollo, pero me ha gustado tanto tanto tanto lo que me has hecho, que de alguna manera tengo que devolvértelo, y que mejor manera que recordándote lo buena amiga y mejor persona que eres.
Mari te quiero mucho, y pasen los años que pasen, y de las vueltas que de la vida, sabes que cualquier día a cualquier hora, me tienes a un toque de teléfono, y que si en algún momento me entero que lo necesitas y no lo haces, no te lo perdonaré.
Espero que me permitas el lujo de compartir mi vida contigo.
Te quiero.

