martes, 24 de junio de 2014

Una história más.

Supongo que esto también forma parte de la maternidad. Nunca piensas que va a pasarte algo así a tí, porque esas cosas solo le pasa al resto del mundo, pero no a tí. 


El pasado mes de diciembre, Carlos y yo decidimos que era el momento de darle un hermanito a Gemma, nos apetecía volver a empezar, y vivir esta maravillosa aventura junto con ella, terminar de formar esa familia con la que siempre hemos soñado. 


Todo parecía perfecto, revisión ginecológica ok, empezamos con el ácido fólico y a buscar el hermanito, tan solo dos reglas después llega el entusiasmante y maravilloso momento del predictor positivo. No olvidaré nunca ese momento, sola en casa, saltanto de la alegría (el día de mi cumpleaños, gran regalo), llorando.. poniendo mi mano en el vientre para darle la bienvenida al segundo garbancito.


Siete semanas después todo terminó. Una ecografía de control nos dió la mala noticia, un par de frases lo resumen "no ha evolucionado bien Gemma, no tiene latido". 


Cuando me quise dar cuenta, estaba en el hospital, esperando a terminar mi embarazo muchísimo antes de lo imaginado, entré embaraza, y 10h después salí "vacía". Esa palabra es la que mejor define la sensación después de un legrado, es como si de repente nada hubiera pasado, como si todo hubiera sido producto de mi imaginación, ya no me esperan esas navidades de ensueño, ya no tiene ningún sentido que pase por el pasillo de la ropa de bebe, ya no hace falta pensar en el cuarto en el que dormirá si es niño o niña.. ya no hace falta nada, porque ya no estoy embarazada. 


Tiempo. Qué necesario es para cerrar las heridas, o por lo menos para acostumbrarte a vivir con ellas sin que duelan. Todo el mundo intenta consolarme diciendo "eres muy joven" "te vas a quedar embarazada enseguida", "es normal lo que te ha pasado porque le pasa a muchas mujeres",(si, pero me ha pasado a mí) "no te preocupes, que mejor ahora que más adelante". Todo eso lo se, pero no me consuela.



Ahora he decidido volver a llenar la mochila, ponerme las pilas, pasar página (sin olvidar lo leído en la anterior) y empezar de nuevo, empezar una nueva historia y pensar que tendrá un final feliz como el de Gemma, al fin y al cabo, la vida es un cúmulo de historias que suceden a diario y que llenan de anécdotas el día a día, esta es una más, difícil y dura, pero una más. En el doble fondo de la mochila llevo todos los miedos que conviven conmigo desde entonces, pero intento compensar el peso con buenos recuerdos y con muchísima ilusión.  



Necesito volver a ilusionarme y estoy loca de ganas por volver a disfrutar de la maravillosa experiencia que es el embarazo, sobretodo porque seguramente sea el último, y tiene que ser igual de especial que el primero. 



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