jueves, 26 de junio de 2014

Remontando el vuelo

Qué difícil es esta vida!  como conté en el post anterior, el mes pasado me practicaron un legrado. Si ya de por sí la situación es desagradable y dura para una mujer (y en su medida para un futuro papa), es más duro aún cuando la vuelta al trabajo supone rodearte de hormonas y maternidad!! 

Trabajo en un hospital, en la planta de pediatría y maternidad, y claro...  la vuelta al trabajo suponía ser espectadora cada día de esa cara de felicidad absoluta con la que salen los nuevos papas del paritorio y ese halo de felicidad que envuelve a toda una familia tras un nacimiento.


El primer día tras los 20 que estuve de baja, quería morirme. Yo había tenido que deshacer todos mis planes para los próximos 9 meses, en cuestión de 24h había dejado de estar embarazada, y todavía no me lo podía creer. 

Como decía, los primeros días fueron increiblemente duros, primero por la cantidad de compañer@s que no se habían enterado de lo sucedido y me preguntaban por el embarazo, por el sexo del bebe.. y claro, cada vez que se daba esta situación tenía que hacer toda la explicación "no, es que me hicieron un legrado el mes pasado por que no iba bien..." así tres o cuatro veces por turno, hasta que era inevitable la visita al baño a dejar caer unas cuantas lágrimas.. que hay momentos que parece que lo curan todo. 

Toda esta situación pilla también en mitad de un huracán hormonal, las hormonas siguen por las cejas, estás sensible, llorona, vulnerable.. con lo que el elemento hormonal también es a tener en cuenta. 


Por suerte todo pasa, y todo acaba volviendo al sítio, las hormonas bajan, pasa el tiempo y esto hace que asumas (que no olvides) lo que ha sucedido y dejes de buscarle explicación, y por supuesto dejar también de buscar culplables, porque sin darte cuenta, te sorprendes buscando una situación o un actuación por tu parte que haya provocado esto, la sensación de culpabilidad es enorme. No hay culpables, sucede porque tiene que suceder. 


Los días posteriores son increíbles, desde la culpabilidad que comentaba, el miedo a que vuelva a suceder, hasta el plantearte si de verdad te merece la pena volver a correr el riesgo de quedarte embarazada y que vuelva a pasar lo mismo. Los días posteriores al ingreso cuando todo el mundo te dice aquello de "eres muy joven, te vas a quedar enseguida" yo pensaba que no quería volver a oír hablar sobre el embarazo,  que se me habían ido las ganas ... si toda esta ilusión ha acabado en algo tan duro... no pensaba que fuera a arriesgarme otra vez, pero es el efecto de las hormonas.. estoy segura, a los pocos días recapacité y entendí que no podía renunciar a ser madre por miedo, que si en algún momento decidía no volver a ser madre sería porque lo hubieramos decidido los dos por consenso y no en mitad de un huracán, si hubiera renunciado a volver a intentarlo por miedo, se que seguramente de aquí 10, 12 años acabaría arrepintiéndome, y eso si que es grave, arrepentirse de no haber hecho algo.


Ahora ya hemos cerrado un ciclo, volvió la menstruación, terminó y volvemos al punto de partida, a la búsqueda, a la incertidumbre, la ilusión, la decepción al ver el papel manchado... todo tiene su encanto, esta fase es divertida, pero tengo la sensación de haber estudiado mucho para un examen, haberlo aprovado y tras celebrarlo por todo lo alto, enterarme de que tengo que volverlo a repetir. 






martes, 24 de junio de 2014

Una história más.

Supongo que esto también forma parte de la maternidad. Nunca piensas que va a pasarte algo así a tí, porque esas cosas solo le pasa al resto del mundo, pero no a tí. 


El pasado mes de diciembre, Carlos y yo decidimos que era el momento de darle un hermanito a Gemma, nos apetecía volver a empezar, y vivir esta maravillosa aventura junto con ella, terminar de formar esa familia con la que siempre hemos soñado. 


Todo parecía perfecto, revisión ginecológica ok, empezamos con el ácido fólico y a buscar el hermanito, tan solo dos reglas después llega el entusiasmante y maravilloso momento del predictor positivo. No olvidaré nunca ese momento, sola en casa, saltanto de la alegría (el día de mi cumpleaños, gran regalo), llorando.. poniendo mi mano en el vientre para darle la bienvenida al segundo garbancito.


Siete semanas después todo terminó. Una ecografía de control nos dió la mala noticia, un par de frases lo resumen "no ha evolucionado bien Gemma, no tiene latido". 


Cuando me quise dar cuenta, estaba en el hospital, esperando a terminar mi embarazo muchísimo antes de lo imaginado, entré embaraza, y 10h después salí "vacía". Esa palabra es la que mejor define la sensación después de un legrado, es como si de repente nada hubiera pasado, como si todo hubiera sido producto de mi imaginación, ya no me esperan esas navidades de ensueño, ya no tiene ningún sentido que pase por el pasillo de la ropa de bebe, ya no hace falta pensar en el cuarto en el que dormirá si es niño o niña.. ya no hace falta nada, porque ya no estoy embarazada. 


Tiempo. Qué necesario es para cerrar las heridas, o por lo menos para acostumbrarte a vivir con ellas sin que duelan. Todo el mundo intenta consolarme diciendo "eres muy joven" "te vas a quedar embarazada enseguida", "es normal lo que te ha pasado porque le pasa a muchas mujeres",(si, pero me ha pasado a mí) "no te preocupes, que mejor ahora que más adelante". Todo eso lo se, pero no me consuela.



Ahora he decidido volver a llenar la mochila, ponerme las pilas, pasar página (sin olvidar lo leído en la anterior) y empezar de nuevo, empezar una nueva historia y pensar que tendrá un final feliz como el de Gemma, al fin y al cabo, la vida es un cúmulo de historias que suceden a diario y que llenan de anécdotas el día a día, esta es una más, difícil y dura, pero una más. En el doble fondo de la mochila llevo todos los miedos que conviven conmigo desde entonces, pero intento compensar el peso con buenos recuerdos y con muchísima ilusión.  



Necesito volver a ilusionarme y estoy loca de ganas por volver a disfrutar de la maravillosa experiencia que es el embarazo, sobretodo porque seguramente sea el último, y tiene que ser igual de especial que el primero.