En nuestro billete ponía hasta el final..
Caminas, caminas creyendo que vas en la dirección que te lleva a tu destino, porque eso, el destino, lo tienes muy claro. Estás tan acostumbrada que lo haces por inercia, mientras piensas en las mil cosas que inundan tu cabeza.. cosas por hacer, citas, reuniones, horarios.. y mientras caminas anochece y amanece como de forma automática sin que le prestes mayor atención.
Inmersa en tu mundo, no eres consciente de la cantidad de kilómetros que has recorrido ni en la dirección de tus pasos, total, has caminado tantos años por ese sendero, que estás segura de que lo estás haciendo bien.
Mientras caminas, no te das cuenta de un detalle más importante todavía; que esa persona que te acompañaba, con la que empezaste este recorrido, se ha quedado atrás. De repente, levantas la mirada y ves que no reconoces el paisaje. que no sabes cuanto tiempo llevas caminando sin saber donde te llevan tus pies.
Te sientas, respiras, lloras, piensas... y retrocedes, hasta reencontrarte con tu compañero de viaje, y tras un largo abrazo continuáis juntos, como hace años.
A partir de entonces, decidís contemplar el paisaje juntos, parando de vez en cuando para comentar los entresijos de este largo viaje.

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